Nota Introductória:
Yo votaré NO
Por principio, creo que hay cuestiones que no deben ser tratadas en ciertos medios. Sin duda, comentar los resultados de la liga de fútbol no es un pecado, pero no creo que sea lo más adecuado para abordarlo en un sermón dominical. De la misma manera, la polÃtica tiene sus foros adecuados. Personalmente, creo que espolvorearla en medios de enfoque espiritual no sólo no es adecuado, es que además constituye una falta de educación y de sentido estético. Ésa es la razón fundamental por la que circunscribo mis análisis polÃticos a otros medios en los que colaboro y en éste me ciño a cuestiones de carácter meramente espiritual y moral.
Que, en los últimos meses la polÃtica haya invadido el terreno de la moral más elemental no poco, ya no es cosa mÃa, sino de los que han decidido arrancar cualquier vestigio de cristianismo de nuestra sociedad. Es precisamente por esa razón por la que me veo en la obligación espiritual de hacer algunas reflexiones sobre el proyecto de constitución europea que debemos votar en unas semanas.
Para sacar adelante el sÃ, el gobierno que tenemos en la actualidad está violando la legalidad un dÃa tras otro – ya van dos advertencias de la Junta electoral central ordenando que cambie la propaganda – e incluso se ha sacado de la manga un refresco llamado Referéndum plus que – imagino – no dará alas, pero infundirá un deseo inmenso de meter la papeleta del sà en la urna.
Incluso estamos oyendo declaraciones como las del ministro de justicia en el sentido de que para votar sà no hace falta leer la constitución. Por esta vez coincido. No conozco a nadie que haya leÃdo a fondo la constitución que no vaya a votar que no. Como mi artÃculo no tiene la intención de ser polÃtico, no me voy a detener en cuestiones como que esta constitución deja a España en mucho peor situación que el tratado de Niza, o que si no se aprueba volveremos precisamente al tratado de Niza. No, quiero centrarme en una cuestión más importante.
Yo votaré NO a esta constitución porque es obra de la masonerÃa internacional y servirá para consagrar un gobierno en Europa que, sin asomo de democracia, pretenderá consumar la descristianización del continente. Me explico. Nadie entregó mandato alguno a Giscard d´Estaing – conocido masón francés – para redactar la constitución. Simplemente se la sacó de la manga y la impuso sin dar posibilidad de reforma sustancial en sucesivas comisiones donde el peso de la masonerÃa fue imparable.
Al respecto, los testimonios que he podido recoger durante meses resultan escalofriantes. Ese peso de la masonerÃa en el texto de la constitución se trasluce, fundamentalmente, en tres consecuencias. La primera, el intento de dar una visión de Europa en la que el cristianismo no es considerado sino totalmente orillado. Sà se hace referencia a la herencia greco-romana (lógico), pero de ahà se salta al siglo de la Ilustración. Ahà es nada. En Europa pasamos de los césares a la guillotina (por cierto, inventada por otro masón) como si tal cosa. No hubo ni patrÃstica latina, ni Edad Media, ni Reforma protestante, ni avivamientos del XVII. Del paganismo a las logias y el que no se lo quiera creer que reviente.
La segunda consecuencia es que expresamente la constitución consagra una total falta de control sobre la masonerÃa en contraste con las confesiones religiosas. De hecho, el artÃculo que se ocupa del tema indica que las denominadas “iglesiasâ€� estarán regidas por el derecho estatal – algo lógico porque el régimen de relaciones entre iglesia y estado es totalmente diferente en Grecia, Italia o Francia por citar algunos casos – pero las “sociedades filosóficasâ€� no aparecen sometidas ni al derecho nacional ni al de la UE. A lo mejor resulta que las “sociedades filosóficasâ€� son la resurrección de los discÃpulos de Sócrates y Platón, pero todo parece apuntar más bien a la masonerÃa.
Finalmente, y muy en la lÃnea histórica de la masonerÃa, el futuro europeo queda configurado de manera escasamente democrática. Por ejemplo, el parlamento no tiene poder de controlar al gobierno ni éste surge de él como es lo habitual en un régimen parlamentario. El gobierno de Europa queda en manos de un gabinete de nombramiento oscuro (por no decir tenebroso) y no está sujeto a fiscalización alguna. Es verdad que algún eurodiputado me ha dicho que sus deliberaciones van a hacerse ante las cámaras de TV, pero como yo le contesté – siquiera para que no pensara que soy tonto perdido – no pretenderá que creamos que las deliberaciones de ese gobierno fantasmal no van a pasar nunca por pasillos, restaurantes o reuniones de fin de semana sin cámaras.
De modo que allá cada cual con su conciencia – por cierto, los del “No a la guerraâ€� ¿cómo apoyan ahora un texto donde se recoge expresamente el principio de la guerra preventiva? ¿por disciplina de partido? – pero a mi no me seduce la idea de un continente regido por un gabinete masónico, nacido de una constitución masónica e impregnado de una cosmovisión masónica que pretende desarraigar la herencia cristiana. Y como ni tengo carnet de partido, ni ostento cargo polÃtico alguno, ni lo ambiciono y, sobre todo, mi primera lealtad es hacia Cristo, votaré NO.
César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2004, España)
posted by Iglesia Príncipe de Paz @ 2:23 p. m.

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